Esos dichosos Macarons

3 Ene

Hoy la cosa va de ese pequeño postre que se ha puesto de moda y que está en boca de todos (o al menos quisiera estarlo), los famosos “Macarons”!

Los macarons son estos pequeños y “dichosos” dulces con forma de “hamburguesitas” hechos de almendra y originarios de Francia.

Y digo dichosos, porque su pequeño y frágil aspecto delicado es algo que se traslada total y fielmente a su receta y preparación: vamos, que si alguien os dice que hacer macarons es fácil, miente como un bellaco!

Pese a mi corta experiencia en el mundo de la repostería, me atrevo a decir que esta es una de las recetas donde todas las leyes de Murphy se personifican y sin duda, si algo puede salir mal no te preocupes, porque saldrá.

Pero como el dicho que dice que la vida no es fácil (y los macarons menos!) pero no por ello es menos bonita, os animo encarecidamente a que probéis a hacerlos, las veces que sean necesarias. El resultado y el sabor sin duda merecen la pena!

Creo que mi caso (además de animar a algunos e igual dejar desorbitados a otros) es especial, pues me salieron a la primera pese a la atónita mirada de mi madre. Véase en la primera fotografía, demostración física de que no miento:

Si bien comprobé posteriormente en un segundo y tercer intento totalmente fallidos, que esa “primera vez” se debió más a la potra del principiante, esa que hace que en tu primera partida le ganes al billar a un auténtico profesional del asunto y a la suma de factores geográficos-cosmológicos-astrológicos con una alineación de las estrellas de 10 y un subidón de mis bioritmos; a día de hoy, sigo en búsqueda y captura del punto perfecto para la dominación de la receta “básica” por lo que hoy compartiré, la última receta que he probado y con la que de momento, me quedo ;-).

Para empezar, os recomiendo haceros con un libro la mar de cuco, apañado y económico con el que yo he podido hacerme una idea sobre las cantidades de los ingredientes y sus múltiples recetas: “Macarons” de Annie Rigg.

Los ingredientes a seguir para unos 20-30 macarons, (dependiendo del tamaño del diámetro que hagáis) son:

  • 200 gr de azúcar glass.
  • 3 claras de huevo pasteurizadas o envejecidas (ahahá, sí, “envejecidas”, a continuación explicaré el proceso ;-))
  • 120 gr de almendra molida
  • 30gr de azúcar
  • una pizca de sal
  • manga pastelera
  • paciencia (elemental, querido Watson)

El proceso:

Envejecimiento de las claras: como veis, la receta tiene truco y es que las claras deben de estar “envejecidas”. Para esto, basta con que metáis en un vaso las tres claras y las dejéis toda una noche a temperatura ambiente, a continuación, por la mañana, tapáis ese vaso con un platito y lo guardáis durante 48 horas en la nevera, sacándolas unas 3-4 horas antes previo el proceso de la receta, para que vuelvan a recuperar la temperatura ambiente.

Otra opción es que compréis las claras pasteurizadas (yo las encontré en Mercadona), con las que no tendréis porqué pasar por el proceso de envejecimiento. Las dos veces que la receta me ha resultado exitosa ha sido cada una con un método distinto, por lo que la elección la dejo al gusto del consumidor!.

En un bol, tamizáis y mezcláis la almendra molida y el azúcar glass (DOS VECES), en este momento, podéis incluir en la receta una cucharada de chocolate en polvo, té matcha, o cualquier colorante que se os ocurra para darles un toque de color y sabor, aunque mi recomendación es, al menos, para la primera vez, para que apreciéis el verdadero sabor del macaron… es que probéis a hacer la receta básica.

A continuación, montáis con una batidora de barillas a velocidad máxima las claras junto con el azúcar normal, que dejaréis caer en forma de lluvia lentamente y la pizca de sal: sabréis que habeis llegado al punto ideal de las claras cuando estas no se os escurra dentro del bol y su textura tenga forma de picos.

Una vez con vuestras claras montadas y los ingredientes mezclados y tamizados, deberéis incluirlos a las claras muy lentamente, ayudando a que se integren con una lengua de silicona, realizando movimientos envolventes para que se os vaya formando una masa: cuidado de no pasaros batiendo pues las claras perderán todo su aire y cuidado con quedarse cortos, de forma que vuestra masa quede llena de grumos.

De seguido, y con la ayuda de un vaso, rellenáis la manga pastelera e iréis formando círculos de tamaños similares bajo un trozo de papel apto para horno. (NOTA: para intentar que los círculos queden de un mismo tamaño aproximado, yo utilizo un tapón y dibujo con un lápiz sobre el papel su silueta). Debería quedaros algo así:

Ahora llega el momento de que precalentéis el horno a 175º (aunque también os diré, que cada horno es un mundo…) y que dejéis, (dependiendo  del ambiente, la estación del año, la humedad, la temperatura del hogar y la alineación de los planetas), reposar y “secar” los macarons de unos 30 minutos a 1 hora. Y pensaréis… ¿ein?, pues sí, todo factor medioambiental influirá en un resultado satisfactorio del macaron.

He probado a realizarlo en distintas casas y finalmente no he podido establecer una media de tiempo determinada: según la cocina he tenido que dejarlos más minutos o menos. Cómo podréis saber vosotros entonces el punto? pues controlando: cuando notéis que la capa de arriba se ha endurecido un poquito y ya no está complétamente líquida, sino que se os queda el dedo un poco pegajoso al colocarlo encima del macaron: ¡ESE ES EL MOMENTO!

Es importante no pasarse de proceso de “secado”, pues si secan demasiado, al introducir la bandeja en el horno y en el momento en el que el macaron comience a hinchar y a formar el deseado “pie” (esa banda rugosa y esponjosa de la base) corremos el riesgo de que el macaron se rompa y se desconche en su parte superior. Si por el contrario, le dejamos poco tiempo de secado, nuestro macaron no crecerá ni formará su pie.

Sabréis que os han salido bien si a los 5-7 minutos de meterlos en el horno comienzan a formar el pie y no se rompen. Dependiendo de la temperatura (y cuidando de que no se rompan) los tendremos listos en 10-15 minutos. A continuación, retiraremos la bandeja del horno y los dejaremos enfriar, para evitar que se nos rompan en su manipulación.

Una vez fríos, podremos guardarlos durante un día en la nevera, para que se endurezcan y a continuación rellenarlos con… ¡imaginación! nocilla, crema de vainilla, ganache de chocolate blanco, nata, praliné… ¡lo que se os ocurra!

El resultado será un rico y esponjoso bocado dulce :-)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: